Los últimos días de el más grande, Babe Ruth

Por: Paco Gómez de la Fuente

El 13 de junio de 1948 fue el dia escogido para festejar el aniversario número 25 del Yankee Stadium, y Babe Ruth, quien lo “estrenó” con un kilométrico jonrón estaba decidido a formar parte de los festejos. El Bambino tenía ya un buen tiempo luchando contra el cancer de garganta.

Tanto su esposa como los médicos que lo atendían habían sido muy cuidadosos para evitar que se enterara del fatal diagnóstico, pero el sospechaba que algo no andaba del todo bien. “Las termitas me están carcomiendo”, le dijo a Connie Mack cuando éste fue a visitarlo.

La cirugía había retardado temporalmente el avance de la maligna enfermedad, pero los daños ya eran muy severos. Su potente voz de antaño se había convertido en un mero susurro rasposo.

Sus ex-compañeros de equipo llenaban el vestidor del Yankee Stadium cuando Ruth hizo su arribo. Los supervivientes de 1923 habían sido convocados para sostener un partido de exhibición de no mas de tres entradas contra un equipo formado por veteranos de otros años.

Definitivamente, Ruth estaba muy lejos de poder tomar parte en el juego.

Sus amigos lo ayudaron a sentarse en una de las bancas del vestidor, y lo ayudaron también a ponerse un uniforme de los Yankees que lucía enorme en su cuerpo tan disminuido.

Alguién se acercó y le puso sobre los hombros su inseparable abrigo de pelo de camello. Estaba lloviendo afuera y el dugout de tercera base, de donde saldría al ser presentado, estaba frío y húmedo. Tomó un guante de los que estaban de moda en esos momentos, y dijo en son de broma: “Dios mío, podrías atrapar un balón de basquetbol con esta cosa”. Los demás veteranos soltaron la carcajada mientras Ruth ponía el guante en su cara y se asomaba por las hendiduras como si fuera una careta de catcher.

Uno por uno sus viejos amigos fueron siendo presentados en medio de los gritos y porras de la multitud. Finalmente, la voz de Mel Allen retumbó en las bocinas del estadio: “George Herman Ruth…Babe Ruth”.

Entonces – relataría después el cronista deportivo W.C. Heinz – Ruth se despojó del abrigo que lo cobijaba, y usando un bat como bastón “salió al terreno de juego en medio de un ruido que ningún hoimbre conocía mejor que él “. Se dirigió al home plate, donde fue recibido por Ed Barrow, ahora con 80 años encima y retirado del cargo de Gerente General de los Yankees, quien había sido manejador de los Medias Rojas cuando Ruth jugó con ese equipo 30 años antes.

Barrow lo abrazó y aquellos dos hombres tan frágiles permanecieron abrazados durante varios segundos balanceandose lentamente.

Después, Ruth se paró frente al micrófono y se las arregló para decir algunas palabras con su voz ronca. Dijo sentirse todavía orgulloso de haber conectado el primer jonrón en el Yankee Stadium, y que era muy agradable ver nuevamente a sus viejos camaradas.

Mientras los demás veteranos ocupaban sus lugares en el terreno de juego para el partido de exhibición, Ruth fue conducido nuevamente a los vestidores. Joe Dugan le acercó una cerveza. “Como están las cosas, Jidge” ( holandés ) que era como le decían algunos de su viejos compañeros a Ruth.

“Joe, me estoy muriendo”, le contestó el Babe, y comenzó a llorar.

Muy pronto regresó al hospital, donde repartía autógrafos, veía el beisbol por televisión y escuchaba a su mujer leer algunas de los cientos y cientos de cartas y tarjetas que le llegaban todos los días, y siempre hacia su mejor esfuerzo para recibir a los amigos que lo visitaban.

El 26 de julio tuvo las fuerzas suficientes para asistir al estreno de la película “The Babe Ruth History”, aunque tuvo abandonó la sala antes de que esta terminara. Era muy sentimental, y lamentaba no haberse tomado un poco de tiempo para enseñarle a William Bendix, el actor que lo interpretaba como hacerle swing a la pelota de manera mas convincente.

“Todas mis obligaciones están cumplidas”, le dijo unos días mas tarde a su esposa. “Ahora voy a descansar y a tomar las cosas con calma”.

Babe Ruth murió de cáncer a las 8:01 de la noche del 16 de agosto de 1948. Tenía 53 años de edad.

Hacía muchísimo calor en Nueva York, pero mas de 100 000 personas se dieron cita para ver el cuerpo de Ruth tendido en el Yankee Stadium. Muchos de ellos lloraban. Algunos padres levantaban a sus hijos pequeños para que muchos años después pudieran platicar que habían visto de cerca la cara del mejor jugador de beisbol de la historia.

“Honestamente yo no podría decir que apruebo la manera en que Ruth vino a cambiar al beisbol”, dijo Ty Cobb, “pero lo cierto es que él fue el tipo mas natural y sin poses que yo haya conocido jamás. Veo al futuro y espero poder reunirme otra vez con él algún día”.

“Lo voy a extrañar”, dijo por su parte Ed Barrow con los ojos llorosos, Y lo voy a extrañar porque era el mas extrovertido e irreverente de todos los que yo haya conocido”.

Los viejos camaradas de Ruth cargaron el ataud. “Cristo, daría 100 dólares por una cerveza helada”, le dijo Joe Dugan a Waite Hoyt.

Hoyt le contestó bajito, ” Lo mismo haría el Babe”.

Compartir:
s

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: