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Liga Mexicana de Béisbol (LMB)

El mágico Tigres de 1965 en LMB, el cuadro del millón

México, D.F. (Tomás Morales) 22 de marzo.- Fue para 1964 cuando el ingeniero Alejo Peralta decidió jugar solamente con jugadores mexicanos, al ver que habían surgido muy buenos prospectos de la Liga Central que él tanto impulsó para que jugaran con prospectos nacionales que un día podrían triunfar en la Liga Mexicana.

A partir de 1959, cuando decidió poner una Escuela de Beisbol en el invierno, se convirtió Alejo Peralta en el máximo impulsor del pelotero nacional y para 1964 el manager ‘Chito’ García se encontró con la orden de jugar sólo con elementos nacionles. Y en 1964 jugaron buena pelota al quedar en cuarto lugar a cinco juegos y medio del campeón Diablos Rojos.

Al desaparecer el famoso equipo «Sugar Kings» de La Habana por el comunismo cubano de Castro, el prestigiado buscador Corito Varona vino a refugiarse en México para 1963 y como su paisano Ángel Vázquez ya estaba al frente de la oficina del Tigres, convenció al ingeniero Peralta para que lo contratara y Corito comenzó a encontrar muy buenos prospectos como los pitchers Vicente «Huevo» Romo y Horacio Solano que los trajo al Tigres. Corito haría historia en el Beisbol mexicano con sus grandes contrataciones. En Cuba había firmado a varios jugadores del «Sugar Kings», entre ellos al pitcher zurdo Mike Cuellar que luego sería estrella en Ligas Mayores.

Para 1965 los Tigres estaban listos para dar el zarpazo grande y se armó un gran infield con Armando Murillo en tercera, Fernando «Pulpo» Remes en el short, Kiko Castro en segunda base y Rubén Esquivias en primera en el llamado «el infield del millón» ya que cada uno de ellos era un Guante de Oro. Gregorio Luque fue un estrella en el catcheo con un jardín integrado por Manuel Ponce y sus atrapadas maravillosas en el central, Pancho García en el izquierdo y Héctor Barnetche, que sería «Novato del Año», en el derecho, aunque podía jugar otras posiciones.

Tigres de 1965 fue un equipo increíble ya que a cada rato remontaban pizarras adversas para terminar ganando, parecía que tenían magia. Una vez hasta nuestro director en el diario donde trabajaba, La Afición, Antonio Andere, me dijo al llegar a a redacción: «No me lo tiene que decir, los Tigres ganaron otra vez un juego que parecía perdido.»

Ese año estuvieron tocados por la mano del destino beisbolero, ya que lo hacían una y otra vez, casi todos los días, para terminar con un récord de 82-57 con cuatro juegos de ventaja sobre los Pericos de Puebla que lucharon hasta el final.

Y lo milagros comenzaron desde el inicio de la campaña, como el juego del 11 de abril en el Parque del Seguro y después que habían ganado el primero de una doble jornada. Sin embargo, los Rojos ganaban 6-2 en la novena entrada y todo parecía una división de honores, solo que los felinos anotaron siete carreras en el último inning para terminar ganando 9-6.

Alfredo Ortiz pitcheó ocho innings excelentes por el México, pero los Tigres atacaron en el noveno con dobletes de Pancho García y Héctor Barnetche, siguendo Gregorio Luque con sencillo productor y Tomás Herrera llamó a su estrella del relevo Mario Peláez, quien en esta ocasión no pudo hacer funcionar a sus pitcheos de nudillos. Con pasaporte a Ricardo Garza se llenó la casa y Armando Murillo también fue pasaportado para poner el juego 4-6 y casa llena.

Había un solo out y ya el momento era preocupante para los Rojos. Kiko Castro dio rola para el segundo out pero entró la carrera cinco del inning. Con hombres en tercera y segunda, el empate y la ventaja, Rubén Esquivias dio el batazo de la voltereta, doblete al left-centro y ya ganaban los Tigres 7-6. Ya sobre el relevista Jerónimo Ambrosio hubo triple de Manuel Ponce y sencillo del «Pato» Hernández para completar el rally que dio al Tigres una victoria de 9-6. Al terminar la doble jornada, el manager Tomás Herrera ordenó a todo el equipo a una práctica que duró hasta la noche del domingo.

A los pocos días y en el mismo Parque del Seguro, los Tigres perdían 7-0 en seis entradas ante Monterrey con el veloz Ramón López en la lomita sultana. Pero la misma magia otra vez: una carrera en la séptima, cuatro en la octava y perdían 6-8 cuando Rubén Equivias abrió la novena con hit y fue empujado por doblete de Ricardo Garza, Ricardo Corazón de Tigre. Y un hit de Armando Murillo con dos outs trajo la carrera de empate y el juego se fue a extra innings.

Y en la entrada 11, relevando Panchillo Ramírez, Fernando Remes abrió con hit y un toque de Murillo se convirtió en imparable. Remes avanzó a tercera en elevado y anotó la carrera del gane en una rola de Odeb Plascencia entre primera y segunda. Los Tigres habían ganado un juego que perdían 7-0 en la séptima. Y esto sucedió a cada rato con los demás equipos odiando a los felinos por estos triunfos increíbles y por estar jugando con solamente peloteros mexicanos.

José Peña fue el máximo ganador del equipo con 16 triunfos, abriendo y relevando, con 14 éxitos de Arturo Cacheux y 11 de Horacio Solano, contando con el «bombero» Enrique Castillo que había surgido en la escuela del Tigres de 1959, nativo de La Barca, Jalisco, paisano de «Tuza» Ramírez que fue pitcher estrella de los Diablos Rojos en los cuarenta. De los titulares, Kiko Castro fue el mejor bateador con .340, aunque Ricardo Garza, casi siempre como el emergente de oro felino, terminó con .389.

Héctor Barnetche fue el Novato del Año y tuvo .321, con Manue Ponce en .314, Rubén Esquivias en .308 y Armando Murillo en .306. Por primera vez en este 1965 se nombró al Ejecutivo del Año de la Liga Mexicana y el ganador lo fue el Lic. Jorge Pulido, quien estaba al frente de la oficina del Tigres campeón.

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